Peter la hormiga y la miga de pan

Patricia Cardoso


 

Peter tenía una gran familia de hormigas grandes voladoras. Eran todas muy trabajadoras. Todos los días ampliaban sus hormigueros, cavando como los mineros; todos los días iban a por comida, además de ir a por bebida.


Pero Peter era diferente, le gustaba mucho estar con la gente. Le gustaba descansar y también salir a pasear. Prefería estar tirado con sus amigos, y su familia le decía ¡parecéis unos mendigos! Pero a él no le importaba: estar hinchándose a comida, en su guarida, era lo que más le gustaba.


Descubrieron que Peter tenía un problema y empezaron a chillar, ¡Peter no sabía volar! Qué deshonra, nos ha fallado, este chico es muy atolondrado. Todos se metían con él, la gente podía ser muy cruel. El jefe se puso muy fiero, le quería echar del hormiguero.
Su madre la princesa, que también había sido muy traviesa, se puso a llorar, no sabía cómo parar. Defendió a Peter todo el rato, su hijo nunca había roto un plato.


James la hormiga más fuerte, pensó que tenía mucha suerte. Si Peter no volaba el sería el rey ¡claro estaba! Peter decidió que se iba: por un lado, quería vivir la vida. Le prometió a su madre que volvería.
Quería vivir mil aventuras y conocer un mundo donde hacer locuras. Cuando miró atrás vio a sus hermanos pequeños, que le seguían para también cumplir sus sueños. Emprendieron el camino, montados en su vespino. Atravesaron el viñedo, sentían un poco de miedo. Al pasar unos días, cuando descansaban comiendo sandías, Peter quiso preguntar: ¿cómo hacían sus hermanos para volar? “¡Es fácil!”, le contestaron, con un bonito pensamiento, volarás feliz y contento!” Peter pensó y pensó, pero nada se le ocurrió.


Un día paseando andaba con el tema rumiando. De pronto vio unos gorriones comiendo pan a porrones. Oyó una vocecita que venía de una diminuta miguita. ¡No me comáis, no me comáis! ¡Tengo algo importante que hacer, aunque no me creáis!
Peter, que nunca había sido muy valiente, pensó esta miga no miente”. Y como nunca, corrió y a la miga salvó. Arriesgó su vida por alguien que sintió que era su amiga. Estaba loco de contento, era su gran momento. Venía el gorrión a por ellas, estaba tras sus huellas. Al pensar Peter en lo que estaba haciendo, en lo valiente que estaba siendo, alzó el vuelo con anhelo. Sus hermanos volaron a su lado, no querían perderse el momento deseado. Aterrizaron en un descampado en el que estaba todo muy desolado. Tenían frío y hambre. Todos miraron a la miga, la querían en su barriga. Peter fue a defenderla, no podían comerla. Difícil prueba a sus hermanos
convencer, pues ellos solo pensaban en comer. Les preguntó a todos cuáles eran sus pensamientos felices, contaron ellos historias de actrices, perdices, narices y codornices. Tras mucho reírse Peter les fue sincero: al ayudar a miga de pan se había sentido como un
caballero. Su explicación fue una sacudida, se fueron a buscar otra comida.

 

Mientras en el hormiguero, todo estaba hecho un estercolero. Lo que hacía James era incomprensible y su reinado era terrible. Era el momento de volver al hogar, había mucho que contar. Justo antes de entrar, echaron todos a volar. Hicieron una entrada triunfal, fue un momento brutal. Todos les aplaudieron y ellos su viaje resumieron. El jefe se le acercó para decir: Hay que salir para tus sueños cumplir. Espero tu perdón y que no me guardes rencor” Peter le abrazó emocionado, en el fondo el jefe le había guiado. James se quitó la corona, no quería más estar en la trona. Se la dio a Peter y se fue a una tumbona. Peter voló hacia su madre amada, era su hora soñada.


Con el tiempo su feliz pensamiento fue en aumento, le gustaba ayudar y los problemas solucionar. Sin embargo, nunca soltó a la miga de pan; se dio cuenta de que era su talismán.